Declaración de intenciones

Este blog intenta tener cubiertos al menos dos sentidos del hipotético visitante: la vista y el oído. La vista resulta evidente y el oído se consigue haciendo clic en el título de cada entrada.
Espero que lo disfrutéis.

martes, 11 de septiembre de 2007

Lo que el ojo no ve, pero la cámara sí (III)


Siempre oí hablar de los que se cuelan en las bodas para, aprovechando el bullicio, hartarse a comer y beber, pero nunca los ví con tanta clase y discreción ;-)

3 comentarios:

Tocotó dijo...

Puff qué peligro, un pavo real. No sé que tienen, pero desde que vi uno con la cola abierta cuando era peque, me producen fascinación y actuar como una auténtica estúpida haciendo todo tipo de sonidos guturales a ver, si con suerte, repito la experiencia... Como una cabra...

Bliss dijo...

A ver qué te crees que pensaron los invitados de la boda cuando vieron a la fotógrafa dando golpecitos al cristal como una loca a ver si el pavo se volvía y "daba la cara"... Ufff, menos mal que me rehíce y la sangre no llegó al huerto ;-)

Tocotó dijo...

Yo soy algo así, pero al final pierdo todos los papeles, eso de rehacerse no va conmigo jajajaja.